En muchos casos, la epilepsia ocurre
como el resultado de un daño cerebral causado por otros trastornos.
Por ejemplo, los tumores cerebrales, el alcoholismo y la enfermedad
de Alzheimer causan con frecuencia epilepsia debido a que alteran el
funcionamiento normal del cerebro. En ciertos casos, los accidentes
cerebrovasculares, los ataques cardíacos y otras condiciones médicas
que privan de oxígeno al cerebro también pueden causar epilepsia.
Aproximadamente un 32 por ciento de todos los casos de epilepsia
recién aparecida en personas ancianas, parece deberse a la
enfermedad cerebrovascular, la cual reduce el suministro de oxígeno
a las células del cerebro. La meningitis, el SIDA, la encefalitis
viral y otras enfermedades infecciosas pueden causar epilepsia, así
como la hidrocefalia, una condición en la cual se acumula un exceso
de líquido en el cerebro. La epilepsia también puede originarse en
la intolerancia al gluten en trigo (también conocida como
enfermedad celíaca) o debido a una infección parasitaria del
cerebro llamada neurocisticercosis. Las crisis epilépticas
pueden dejar de ocurrir una vez estos trastornos hayan sido tratados
eficazmente. Sin embargo, las probabilidades de no tener más crisis
después de que se haya atendido el trastorno primario son inciertas
y varían según el tipo de trastorno, la región del cerebro afectado
y la magnitud del daño cerebral ocurrido antes de que se iniciara el
tratamiento.
La epilepsia está asociada con una
variedad de trastornos metabólicos y del desarrollo, entre los que
se incluyen parálisis cerebral, neurofibromatosis, dependencia del
piruvato, esclerosis tuberosa, síndrome de Landau-Kleffner y
autismo. La epilepsia es solo uno entre un grupo de síntomas que se
presentan comúnmente en las personas que tienen estos trastornos.
National Institute of Neurological
Disorders and Stroke (NINDS)
National Institutes of Health
Brain Resources and Information Network
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